domingo, 30 de octubre de 2011

Un paseo por mi vida

Nací en Boston, Massachusetts, el 7 de enero de 1992 en una familia de tres miembros: mis padres y mi hermano mayor, Oskar. Ahora somos ocho en total. Era un frío martes de madrugada y la ciudad se vistió de blanco para la ocasión. Creo que de ahí es de donde me viene el gusto por la nieve. Aunque me considero americana de nacimiento, he de admitir que soy española (pero tengo las dos nacionalidades), ya que yo no viví más que tres meses en Boston, pero mantengo la ilusión de poder volver en algún momento para conocer mi ciudad natal. Mis padres, sin embargo, vivieron allí dos años, pero al poco de mi nacimiento, regresaron a España. Mi padre es de Bilbao (Baracaldo) y mi madre de Ávila (Medinilla). Oskar nació en Estocolmo, el 11 de noviembre de 1988.

Nos fuimos a vivir a Madrid, donde nació Alberto el 2 de junio de 1993. Íbamos juntos a la guardería del Barrio de Begoña, donde pasamos muy buenos momentos y de los cuales todavía nos acordamos. Oskar mientras tanto, estudiaba en el colegio Retamar. En Madrid estuvimos viviendo cinco años en total, hasta julio del 1997, que fue cuando nos trasladamos a vivir a Pamplona.

Una vez aquí, mi padre tenía trabajo en la universidad, pues se lo habían ofertado cuando vivíamos en Madrid, pero mi madre estaba estudiando las oposiciones de pediatría. Algo que me marcó y de lo que nuca me olvidaré es el cuidado que nos daba a nosotros, todavía pequeños, por mucho que tuviera que estudiar. Había días en los que no podía estudiar durante el día (sobre todo en verano, por la excesiva atención que requeríamos) y se veía con la obligación de estudiar por las noches. Pero el esfuerzo acaba premiando al que se lo merece y consiguió una plaza, la única, en el Hospital Virgen del Camino, situado a cinco minutos de casa.

Mientras tanto, nosotros íbamos al colegio. Los chicos a Irabia y yo a Miravalles. Pasaron dos años y nació mi hermano Pablo, el 12 de septiembre de 1999. He de decir que ahora vuelvo la vista atrás y sólo puedo agradecer que mis padres nos hayan llevado a esos colegios, pues en ellos no solo nos hemos formado en cuestiones académicas, sino que también pudimos recibir una amplia formación espiritual, a la que mis padres dieron importancia toda la vida y que han conseguido inculcar en nosotros. Los años del colegio han sido inolvidables pues ahí se forjaron mis grandes amistades, con las que todavía mantengo bastante trato. Aunque tampoco olvidaré las travesuras de la ESO y los agobios en Bachillerato. Ha sido una etapa de lo más completa.


 Al terminar Bachillerato, decidí estudiar Magisterio en Educación Primaria. Es una carrera que la he tenido en mente desde muy pequeña y que se debe a mi gusto y pasión por los niños. Desde muy pequeña algunos de mis familiares me decían que tenía mucho apaño con los niños y la verdad es que cuando Pablo nació, yo era “su madre” cuando mamá no estaba y he de decir, que no he disfrutado nunca tanto como en esta etapa, en la que tuve un bebé de verdad en casa. Lástima que crezcan tan rápido los niños…

El 20 de abril del 2007 la familia aumentó con la llegada de dos niñas etíopes, hermanas entre sí, de uno y cinco años. Desde su llegada son muy felices, pues ahora saben que tienen una familia que les quiere de verdad y una vida que merece la pena vivir.

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